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Sevilla, a |

Nuestro Padre Jesús de las Penas

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 (…) Y pues, esta Santísima Señora gozó el privilegio de ser concebida sin culpa original, precedido de los méritos de la Pasión, Cruz y Penas de su Santísimo Hijo, Jesucristo Nuestro Señor, previstos por su eterna sabiduría y verdadera Madre: será su segundo Título el de EL SANTÍSIMO CRISTO DE LAS PENAS, en memoria de la gravísimas que su Majestad padeció, cuando, queriéndolo crucificar sus enemigos, mientras prevenían la Cruz, le desnudaron y coronaron de nuevo y dieron vino mirrado, llevando en la Estación de Penitencia su Sagrada Imagen y en cuyo paso irá una Cruz tendida con una barrena en uno de sus brazos y una Túnica de color morado a un lado y un vaso que signifique el vino mirrado.

Todo lo cual así está tratado y capitulado en la dicha escritura de unión. (…)" (Regla 1)

 

La información disponible sobre la imagen de Jesús de las Penas es precisa. La última restauración de la talla, finalizada a principios de febrero de 1.997 y realizada por Raimundo Cruz Solís, Isabel Poza Villacañas y Joaquín Cruz Solís, en una nave del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico especialmente destinada para su intervención, daba a conocer un documento alojado en el interior de la peana donde se mencionaba la autoría de José de Arce, datándola en 1.655.

Del Informe técnico de dicha restauración se recoge el siguiente fragmento:

“El sábado día 21 de diciembre, reunidos la Dirección del Instituto, los restauradores y el Hermano Mayor acompañado de toda su Junta de Gobierno con su Director Espiritual; Don José Martín Pérez. La Hermandad trae un gran mueble para el monitor con el vídeo.

Los doctores Don Felipe Martínez Alcalá y Don Mariano Sevillano González, manejan el endoscopio para que todos veamos en el monitor el documento con todo lujo de detalles y podamos interpretar hasta los más mínimos pormenores de lo que pone en el escrito. Don Antonio Torrejón Díaz, y el restaurador Don Joaquín Cruz Solís, toman nota, no sólo de la interpretación de lo que pone el documento, sino de la forma de cómo está escrito.

Poco a poco se va descifrando el documento, que recoge lo siguiente:

Enla çiudad de Seuilla Año demill y feisçientos y cincuenta y çinco; gouernando la silla Apoftolica nueftro muy Santo Padre Alexandro feptimo defte nombre, y afimismo, Reynando en efpaña nueftro catholico Monarcha Philipo quarto de efte nombre; hizo efte Sancritsimo Chrifto d las penas, Jose ph de Arze, de nación Flamenco parauna cofradía deltitulo delas penas de Chrifto nueftro Señor, y triunpho dela Cruz, que Iafundo en Triana Diego Granado y Mosquera elaño de 1644”

A las 13 horas se ha terminado de descifrar el documento, colocado en el interior de la Imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas, en esta ocasión hemos sido testigos 25 personas, apuntadas con sus nombres y apellidos en el diario de los restauradores.”

A la altura de 1655, el flamenco José de Arce estaba a punto de convertirse en el escultor más prestigioso de Sevilla. Le avalaban poderosas razones artísticas, basadas en un estilo solemne, rico en ritmos y ungidos de pasión. Un estilo nuevo, que consistía fundamentalmente en trasladar a la escultura los modelos pictóricos de Rubens. A esta interpretación de modelos rubensianos se une el conocimiento de los escultores flamencos de los estilos europeos, especialmente a través de la colaboración de muchos de ellos en los trabajos de Lorenzo Bernini para el Vaticano. Sus arrogantes imágenes, de carácter teatral y declamatorio, tan opuestas a las tranquilas siluetas del clasicismo andaluz, habían sido bien recibidas en Jerez de la Frontera y en Cádiz.

Arce es el más avanzado escultor barroco que trabaja en nuestra región por el atrevimiento de sus formas, la expresividad de sus rostros, ropajes y actitudes, así como la intensa expresividad espiritual de sus tallas. Por su formación, Arce es en nuestro país el primer representante del estilo barroco cosmopolita del XVII, que reúne y sintetiza las diversas corrientes escultóricas y pictóricas vigentes en Europa durante el tercio central de dicho siglo, de la cual es ejemplo esta espléndida imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas.

En 1652 el artista busca vivienda en las proximidades de la Iglesia Mayor de Sevilla; ocupando la primera casa de la calle que baja de la Plazuela de Santo Tomás a la Lonja de Mercaderes. A la puerta de esta casa debió llamar Diego Granado Mosquera para confiarle la hechura del Cristo de las Penas, que con casi toda seguridad policromó Cornelio Schut, ya que permaneció con Arce hasta el 8 de mayo de 1.656.

La documentación notarial advierte que también ocupa su tiempo labrando Inmaculadas, Niños Jesús y apóstoles. Un catálogo de obras en la actualidad perdido, no localizado o genéricamente atribuido al taller de Pedro Roldán, que asumirá como propia la técnica suelta y los peinados tratados en grandes masas introducidos por Arce. De ahí el gran valor testimonial que irradia la imagen de Jesús de las Penas para el conocimiento de la escultura sevillana del tercer cuarto del siglo XVII y, lo que aún es más importante, para sentar ciertas bases de lo que entendemos por “roldanesco”. No en balde, el rostro de esta imagen seguía siendo dos décadas después un prototipo piadoso para los colaboradores de Pedro Roldán.

El último contrato conocido de este escultor es de 1.657 para realizar, en piedra blanca y sin policromar, los cuatro Padres de la Iglesia Latina y los cuatro Evangelistas destinados a la Sagrario de la Catedral, donde aún se conservan, si bien no son apreciados en su justo valor. Arce murió en Sevilla, en su casa de la calle del Aire el 2 de enero de 1.666.

La imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas representa el momento anterior a la Crucifixión. Alcanza una altura de 1,46 m, habida cuenta de su posición sedente, y la materia prima fue la madera de cedro, posteriormente policromada. Cristo, sentado sobre una roca, con las manos unidas en oración, levanta su mirada al cielo, meditando sobre su muerte. Con un gesto tristísimo y angustiado, alza la cabeza y muestra los labios entreabiertos en un diálogo interior con el Padre pero también dirigido a quien se acerque a compartir su dolor.

La composición deriva de la estampa grabada por Alberto Durero para el frontispicio de la “Gran Pasión”. Su presencia en el taller de Arce era casi obligada, si tenemos en cuenta el aire nórdico que le traspasaba y el magisterio que ejerció Durero sobre los artistas de los Países Bajos.

Iconográficamente, la imagen de una figura meditando sentada sobre una piedra y apoyando el rostro sobre una mano, tiene un origen que se remonta a época grecorromana, en la cual se representaba a Saturno, el más antiguo de los dioses del panteón griego, sentado en esta actitud; desde entonces se asoció a la deidad con el temperamento melancólico, con la introspección y la meditación. En el mundo cristiano, especialmente hacia el último cuarto del siglo XV, los filósofos neoplatónicos relacionaron la figura de Saturno con Cristo, como guía y maestro de la más profunda contemplación filosófica y religiosa; sobre estos planteamientos en 1.914 Alberto Durero estampaba su xilografía “Melancolía I”, cuya influencia en el arte religioso fue decisiva en la representación de Jesús pensativo ante el instrumento del suplicio, hasta llegar a ser una de las escenas pasionarias más divulgadas desde el siglo XV hasta el XVIII. Es habitual en estas escenas situar la cruz tendida en el suelo junto a la víctima. Esta asociación con la Cruz está presente en el título fundacional de la Cofradía: “De las Penas de Christo Nuestro Señor y Triunpho de la Cruz”.

De igual manera, la advocación de la imagen procede de los Países Bajos y Alemania, donde se creó esta iconografía donde estas figuras se denominaban “Cristo de la Humildad y Paciencia”, “Cristo de Piedad” y “Cristo de las Penas”. La vinculación de nuestra dinastía reinante con los mencionados países favoreció el arraigo de esta devoción en España. Para mover más a la piedad, durante el barroco se suele alterar la postura inicial de las manos para unirlas en el gesto de oración que muestra la escultura que nos ocupa. Esto motivó su proliferación en hospitales y asilos, como consuelo para los enfermos y ancianos, siendo el ejemplo a seguir en las calamidades de la vida.

Nos encontramos, en definitiva, ante una talla realizada por uno de los más importantes escultores barrocos que trabajan en nuestra región, introductor en España de una nueva forma de interpretar el estilo barroco quien, al ejecutar esta figura, realiza una perfecta conjunción entre la iconografía tradicional de la melancolía y la meditación sobre la muerte. Una obra digna del mayor interés para los estudiosos de la historia del arte y merecedora de la devoción de quienes buscan consuelo a su dolor en los sufrimientos de Cristo.

Los libros de actas de la Hermandad recogen varias restauraciones sufridas por la imagen en este siglo. En 1.977 fue intervenida por Francisco Peláez y en 1.982 por el escultor Luis Ortega Brú, a quien sorprendió la muerte mientras realizaba este trabajo, que concluyó Manuel Calvo Camacho. Finalmente, entre 1.996 y 1.997, los hermanos Cruz Solís prestaban a la talla su aspecto actual.

Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina.

 

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