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Sevilla, a |

N.H.D. Rubén Pérez, camino del sacerdocio

Ruben Perez 2El pasado 28 de septiembre, el Arzobispo D. Juan Jose Asenjo, presidió en la capilla del Seminario Metropolitano de Sevilla la Imposición de Cruces a los seminaristas que este año comienzan el curso en dicho seminario.

Uno de ellos, Rubén Pérez, está becado por la Hermandad, hasta que finalice sus estudios en el Seminario.

He aquí una carta escrita por él en donde nos cuenta sus experiencias y sus sentimientos que le llevaron a tomar esta importante decisión en su vida.

Me llamo Rubén Pérez, soy seminarista Mayor de Sevilla y tras tomar la cruz el pasado 28 de septiembre, quiero contaros mi historia vocacional.

Nací en Sevilla en una primavera de 1994 el 23 de Marzo. Fui bautizado, el 11 de Junio del mismo año, en la trianera parroquia de San Juan Bosco, bajo la mirada amorosa de María Auxiliadora, viviendo (aunque no me acuerde) el momento más importante de mi vida, convirtiéndome en hijo de Dios. Así lo quiso el Señor, desde mis primeros momentos como cristiano, acompañado por la Santísima Virgen.

Me eduqué por expreso deseo de mis padres, en un colegio Católico el de las Hijas de Jesús, que se encuentra en Nervión. Aquella educación en la fe, que me digno a profesar, fue vital en mi andadura vocacional, me enseñaron a rezar con las oraciones básicas y sin darme cuenta mi Amor a Dios, a María y a la Iglesia, iban creciendo.

Otro de los puntos clave fue recibir la primera y no última comunión, en la que sigue siendo mi Parroquia de la Milagrosa, de nuevo a los pies de la Virgen, esta vez, bajo el título de Milagrosa.

Seguí caminando un poco alejado de los sacramentos, pero no del todo, hasta que un día acepté la invitación de mi tío de acolitar en el altar. El asistir a la Sagrada Eucaristía desde el presbiterio, hizo que cambiara mi modo de ver la vida del sacerdote y le pedí al Señor, que quería de mí.

Mientras mi devoción al Santísimo Sacramento aumentaba, las respuestas por parte del Señor iban llegando, primero con una convivencia de monaguillo en el seminario, después con mi gran mejora en los estudios y por último mi encuentro con un sacerdote, canónigo de la Catedral, que al enterarse que tenía deseos de ser sacerdote, me llevó a hablar con el rector del seminario. Mi relación con el seminario empezó asistiendo a una convivencia en el seminario menor, siendo este encuentro fundamental para dar el paso.

El día antes de entrar en el seminario, la Virgen como si llevara esperando mucho tiempo, se hizo la encontradiza, ella ahora quería ser la Estrella que iluminara este camino tan hermoso que estaba a punto de empezar.

El día antes de entrar en el seminario, asistí con mi párroco a un día del triduo de la Hiniesta gloriosa, que coincidía con un besamanos extraordinario de la dolorosa de la hermandad. Este motivo, hizo que hubiera muchos hermanos mayores, entre ellos el antiguo hermano mayor de la Estrella, que tuve el gusto de conocer, cuando mi párroco me lo presentó, le comentó que yo iba a entrar en el seminario menor. El hermano mayor me preguntó, si alguien me becaba el seminario y yo le respondí que no, contestándome que no me preocupara que la hermandad de la Estrella se haría cargo. Yo me llené de alegría, porque mi familia no podía pagar lo que costaba el seminario.

Tras dos años maravillosos de formación espiritual, humana y académica en el seminario menor, el Señor me invitaba a seguir esta andadura en el seminario mayor y yo lleno de gozo acepté.

Este gesto de aceptación de la voluntad de Dios, quedaba sellado el pasado Domingo 28 de Septiembre de 2014, en la capilla mayor del seminario, cuando el Arzobispo de Sevilla, Monseñor Juan José Asenjo, me colocó a mí y al resto de seminaristas de primero la cruz de N.S.J, que lleva impreso a fuego, la frase SE FIEL.

Cumplir la voluntad de Dios nos llena de la verdadera felicidad, que solo la da Cristo. A los jóvenes les digo, que no se dejen seducir por los placeres mundanos, que eclipsan el verdadero amor que es Cristo y que no tachen jamás la posibilidad de que Dios les esté llamando. Si no hacéis la voluntad de Dios sea cual sea, os aseguro que jamás seréis felices, porque es el Señor el que le da sentido a nuestra vida. Abrid vuestro corazón a Dios y dejaos sorprender por Cristo. (Benedicto XVI).

Un fuerte saludo de vuestro hermano seminarista Rubén Pérez Navarro, que Dios os bendiga y María Santísima de la Estrella os ampare bajo su manto.

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