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La Estrella solicitará la rotulación de una calle con el nombre de "Hermanos Garduño"

 

CalleHnosGardLa Junta de Gobierno de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de la Estrella, reunida en Cabildo de Oficiales, tomó el acuerdo, por unanimidad, de proponer al Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla la rotulación de una calle de la ciudad bajo el nombre de “Hermanos Garduño”. Con este gesto consideramos que nuestra ciudad reconocerá suficientemente la labor de nuestros hermanos Antonio y José Alberto -Pepe- Garduño Navas a lo largo de sus vidas.

Tras la aprobación en el Cabildo de Oficiales, durante algunas semanas la Hermandad espera recabar adhesiones de distintas Hermandades e instituciones de la ciudad que irán unidas al expediente que remitiremos al Ayuntamiento de Sevilla para lograr la rotulación de esta calle.

 

El pasado 19 de enero nos dejaba nuestro muy querido hermano D. José Alberto Garduño Navas, conocido en el ámbito cofrade como Pepe Garduño y donde se le admira por toda una vida dedicada a engrandecer la Semana Santa de Sevilla, tanto en su profesión de fotógrafo como en el arte de vestir a las Imágenes de la Virgen, llegando a ser un referente de la misma. Como igualmente lo fuera su hermano Antonio, fallecido el 13 de junio de 2004, prestigioso diseñador y dibujante, además de vestidor, nombre imprescindible en el arte religioso sevillano del siglo XX. Difícilmente nos podemos encontrar en una misma familia dos exponentes, cada uno en su faceta profesional-artística y ambos como vestidores, que hayan significado y aportado tanto en el ámbito artístico cofrade sevillano y por extensión al andaluz.

Antonio (1927 – 2004) y Pepe (1932 – 2018), nacieron en el número 64 de la calle Pagés del Corro (hoy, sede de la Delegación de la Agencia Tributaria), donde además del domicilio familiar, sus abuelos paternos, procedentes de Zafra (Badajoz), fundaron el negocio familiar, la panadería y tortería “La Extremeña”, un nombre que aún perdura en la memoria de muchos trianeros. Podría decirse que si los Garduño atesoraban experiencia comercial, el mundo artístico llegó con la familia materna, representada por sus tíos Ángel Navas “Gallito de Zafra” y el tenor Fermín Navas Castañón.

Antonio es sin duda una de las personalidades más atractivas del arte religioso sevillano del último siglo. Una dilatada carrera dedicada a la creación artística centrada en las cofradías que le sitúa como uno de los artistas fundamentales del siglo XX, continuando la estela de personalidades tan reconocidas como Juan Manuel Rodríguez Ojeda o Cayetano González. Desde muy joven tuvo inquietudes artísticas, estudiando en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. Además, por estos años comenzaría en el mundo de los toros con el sobrenombre de “Gallito de Zafra Chico”. Poco a poco fue desarrollando cualidades como escultor, pintor, restaurador, tenor o bordador.

Antonio Garduño aprendió de Guzmán Bejarano la pureza en el dibujo, a los que incorporó una gran dosis de elegancia y personalidad creatividad. De su trayectoria artística se ha dicho que ha sido una búsqueda constante de originalidad. Considerado por el historiador D. Antonio Mañes Manaute como el principal representante del preciosismo, estudiaba al milímetro sus bocetos, aportando una gran precisión en el dibujo, e ideó unos elementos decorativos que gozaban de una fuerte originalidad; aún siguiendo planteamientos compositivos ya existentes, los transformaba aportando versiones de elementos vegetales y florales, todo ello resultado de una perfección técnica y estética.

Podemos apreciar ejemplos de esta maestría en los mantos de la Virgen de Gracia y Esperanza (1965), la Esperanza Trinitaria (1977) y Mayor Dolor y Traspaso (1991), otra obra elocuente es el Simpecado de la Hermandad del Rocío de la Macarena (1997), sólo ejemplos de una inagotable producción de diseños. Entre ellos, una de las piezas que quizá mejor defina su estilo sea el palio de la Virgen de la Estrella (1995), que lo convierte en una de las obras de bordado más significativas del último tercio del siglo XX. En lo que respecta a diseños realizados por Antonio Garduño para la orfebrería, podemos citar como ejemplos las jarras de la Estrella (1976), los varales de la Virgen de la Salud de San Gonzalo (1980) o la carreta del Rocío de la Macarena (1991-2000).

Sus obras fueron ejecutadas en los principales talleres de la ciudad, como el de Esperanza Elena Caro, Carrasquilla o Fernández y Enríquez. En el año 1997 estableció su propio taller de bordados a realce.  

Esta honda huella que ha dejado Antonio con sus dibujos y diseños artísticos, también la dejó en las cofradías sevillanas en la delicada labor de ataviar a sus Imágenes Marianas, siendo además la primera tarea artística que desempeñó en su Hermandad de la Estrella, como vestidor de la Virgen. En el arte de vestir desplegó toda su imaginación y magisterio, convirtiéndose, según Jesús Palomero Páramo, en el hombre que marcó un antes y un después en esta tarea de completar el trabajo del escultor. Sus manos, además de la Estrella, han arreglado a las Dolorosas del Mayor Dolor y Traspaso, la de las Tristezas, la Salud, la Macarena y la Virgen del Patrocinio, entre otras.

Para Pepe Garduño, también el mundo del arte, será su mundo. Observando a su hermano Antonio que ya tenía un bagaje, adquirió la base necesaria para desarrollar su estilo propio a la hora de vestir a la Virgen, que ha tenido su plasmación más reconocida en la Imagen de la Esperanza Macarena, a la que atavió durante más de cincuenta años. Generosamente además, formó durante algunos años a cofrades de muchos puntos de Andalucía en una experiencia única como fue su “Escuela de vestidores”. Pepe destacó por la gran versatilidad y dominio a la hora de vestir a las Vírgenes; creador innato, ha dejado una auténtica escuela, con innovaciones como el “pico Macareno”, el “trébol”, tocados hasta la cintura, los encajes vueltos hacia arriba en los cuellos, la rosa en el pecho, la naturalidad medida en los tules,… siendo imitado en todas las evoluciones de su dilatada trayectoria de cerca de sesenta años como vestidor de Imágenes Titulares de Hermandades de Sevilla y su provincia: Estrella, Macarena, Rosario, Ángeles, O, Mercedes, Salud, Dolores, Angustia, Patrocinio, Paciencia, etc…

Profesionalmente, Pepe Garduño consiguió desarrollar una brillante carrera como fotógrafo, iniciando su aprendizaje en el estudio fotográfico de Haretón y, siete meses más tarde, abriendo el suyo propio bajo el nombre de “Gard” en la calle San Pablo, donde llegó a montar un fastuoso estudio que se convertirá en toda una referencia a nivel nacional. Allí retratará a media Sevilla: bodas, comuniones, mantillas… con cifras que nadie podía igualar. El vanguardismo de su obra casaba bien con los objetivos publicitarios de los representantes artísticos que, como Pulpón, confiaban en Pepe para las fotografías que anunciaban a las estrellas de la época: Valderrama, Juanita Reina, Caracolillo, Cristina Hoyos, Macarena del Río,…

Desde luego, una de las facetas más conocidas de Gard son sus fotografías de las Imágenes Titulares de las cofradías. Sus trabajos en blanco y negro son, hoy, piezas codiciadas por los coleccionistas. En este apartado, podemos destacar sus primeras fotografías a la Virgen de la Estrella en el 400 aniversario de la Hermandad (1960), a la Esperanza Macarena con mantilla (1961) – con una de las estampas más difundidas a lo largo de estas últimas décadas-, los distintos premios conseguidos en concursos de fotografía cofradiera -“Cristo de la Fundación” (1963)- o la reproducción en distintos soportes (cerámica, portadas de revistas, diseño comercial...) de fotografías como las de la Virgen de la Estrella, vestida de hebrea (1963) o el fotomontaje de la Virgen de la Esperanza Macarena frente a la Giralda. Precisamente, sus elaborados fotomontajes, de producción artesanal y sin tratamiento informático que facilitara el proceso, muestran especialmente el espíritu de innovación y de búsqueda constante de nuevas formas plásticas del autor.

En su actividad profesional y cofradiera, los contactos con los artistas fueron frecuentes: imagineros, tallistas, doradores, orfebres... con algunos de los cuales llega a tener una estrecha relación de amistad, colaborando en sus obras como vestidor y fotógrafo.

Por todo ello, los hermanos Antonio y Pepe Garduño suponen dos de los más caracterizados cofrades del siglo XX y principios del XXI, por su inconmensurable aportación a la estética de la Semana Santa sevillana, llegando a trascender fuera de los límites de la propia ciudad.

 

 

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