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Sevilla, a |

Sedes Canónicas

La actual Hermandad de N. P. Jesús de las Penas y María Stma. de la Estrella es fruto, como en tantas otras ocasiones, de la fusión de varias Hermandades. Por un lado tenemos la Hermandad de la Virgen de la Estrella y San Francisco de Paula, fusionadas a su vez entre sí en 1600, por otro la del Cristo de las Penas, Triunfo de la Cruz y Amparo de María Santísima, fundada por Diego Granado y Mosquera en el Convento de la Victoria en 1644.

plano sevillaHasta la fusión con la Hdad. del Cristo de las Penas, la historia de la Hdad. de la Estrella “en solitario” se desarrolló exclusivamente en el Convento de la Victoria. Su fundación, como Hermandad de Luz, se formalizó en 1566 (hay noticias desde 1560), y la componían “los cargadores de la Gran Compañía de Cargar y Descargar las Mercancías que en esta ciudad de Sevilla entran y salen por mar para las Indias y Flandes”. Se establecieron bajo el patrocinio de la Virgen de la Estrella, que residía en el Convento de la Victoria, regentado por frailes mínimos de San Francisco de Paula. Dentro del Convento ocuparon desde el principio un altar, y posteriormente, a partir de 1570, empezaron a edificar una capilla propia en un solar cedido por los frailes a cambio de una renta perpetua de dos ducados al año. En 1600 se fusionó con la Hdad. de San Francisco de Paula, con la que habían convivido durante cuarenta años sin problemas.

Sobre la iglesia de dicho Convento de la Victoria nos queda la descripción que de ella hizo Félix González de León: 

“Es de una sola nave, pero muy dilatada, ancha y alta, con capilla mayor y otras capillas al lado del Evangelio. A los pies de la nave está el coro alto sostenido por cuatro columnas grandes de mármol (…). El altar mayor está elevado sobre gradas de mármol blanco, y es del medio tiempo, por lo que pertenece al orden plateresco. Al lado del Evangelio, en la capilla mayor, está la capilla de San Francisco de Sales la cual tiene un arco en medio y dos puertas que forman dos capillas comunicadas: en la primera estaba San Francisco de Paula (…) y en la otra el dicho San Francisco de Sales. Sigue después un altar, luego la puerta lateral del templo y pasada esta la capilla dedicada a San José (…). Sigue después la última capilla de este lado que es propia, y residía en ella con sus imágenes la Cofradía de la Sagrada Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora del Desamparo (…). En el lado de la Epístola no hay capillas sino altares dedicados a varias imágenes (…) y (…) la puerta que daba a los claustros. Por la puerta de la calle había otra capilla unida a la iglesia donde residía la Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella, Santo Cristo de las Penas, Triunfo del Santo Lignum Crucis y San Francisco de Paula, que hacía estación el Jueves Santo por la tarde”.

En cuanto a los orígenes de la Cofradía del Cristo de las Penas, se sabe que esta se llamaba “Santo Cristo de las Penas, Triunfo de la Santa Cruz y Amparo de su Santísima Madre concebida sin pecado original desde el primer instante de su Ser”, y que pudo ser fruto de la unión entre las del Cristo de las Penas y la del Triunfo de la Santa Cruz y Amparo de María Stma. Su fundación se llevó a cabo en 1644 también en el Convento de la Victoria, pero se trasladaron a los pocos años, en 1655, a la ermita de la Candelaria. Esta se encontraba en parte del solar que hoy en día ocupa la Parroquia de San Jacinto y tomó su nombre de una Hermandad así llamada, que se había trasladado desde el Convento de la Victoria, donde se fundó.

La ermita de la Candelaria era de escasas dimensiones y pertenecía al hospital del mismo nombre, cuyas rentas pasaron en 1587 al hospital del Amor de Dios. La presidía la Virgen de la Candelaria, hoy presidiendo la Parroquia de San Jacinto. Las escasas dimensiones propiciaron las malas relaciones entre las Hermandades que en ella radicaban. El 9 de Enero de 1656 establecieron una concordia fijando muchos detalles sobre la convivencia. De ella se puede sacar alguna información sobre cómo era la ermita y qué lugar dentro de ella ocupaba la Cofradía del Cristo de las Penas: 

“…le señalamos a la dicha Cofradía y Hermandad del Cristo de las Penas y Triunfo de la Cruz por altar en que tengan el Santo Crucifijo de su advocación, el altar que esté en dicha capilla que llaman de San Francisco y que si en algún tiempo compraren, como lo tratan, el pedazo de corral de la casa donde vivía Becerra, se les ha de dar el altar donde está el Stmo. Cristo de las Aguas (Cofradía del Dos de Mayo) haciendo la dicha cofradía del Stmo. Cristo de las Penas otro arco de la misma suerte en el dicho altar de San Francisco, y donde se ponga el dicho Stmo. Cristo de las Aguas, a su costa, respecto de que para su mayor conveniencia se les da el dicho altar…”. 

Aun así surgieron roces y dificultades, lo que hizo que la Cofradía del Cristo de las Penas empezara a buscar una nueva sede, de mayor amplitud.

Se optó por la fusión con la Hermandad de la Estrella, dada la buena relación entre ambas y la vecindad. Con esta fusión se complementaban la una a la otra. Los hermanos de la Estrella, por su profesión, se veían obligados a permanecer alejados de la ciudad largas temporadas. Con la fusión ganarían hermanos para atender a las necesidades de la Hermandad. La del Cristo de las Penas ganaba espacio. La formalización se llevó a cabo mediante escritura pública, suscrita el 15 de Julio de 1674, pasando a llamarse “Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora de la Estrella, Santo Señor de las Penas, Triunfo del Santo Lignum Crucis y San Francisco de Paula”, fijando su residencia en la capilla edificada en el solar cedido por los frailes en el Convento de la Victoria.

Al poco de la fusión, en 1675, les fue donado por parte de los frailes un “pedazo de sitio” para que construyeran una sacristía.. Este interés de los frailes por la Hermandad de la Estrella se vio recompensado cuando, en la noche del 22 de Octubre de 1704 el Convento de la Victoria quedó reducido a cenizas en un pavoroso incendio. La capilla de la Hermandad de la Estrella se salvó y sirvió a la comunidad religiosa para sus cultos durante los años que tardó en reconstruirse la iglesia.

A lo largo del siglo XVIII la vida y riqueza de la Hermandad creció a medida que el gremio de los alfareros se hacía con más peso. Sin embargo el final del siglo y comienzo del siguiente fueron épocas traumáticas para la Hermandad. Las epidemias y normas dictadas que prohibían las relaciones entre Cofradías y gremios la hicieron tambalear. En 1808 se efectuó la última salida desde el Convento de la Victoria. Con la ocupación francesa se perdió la capilla propia, teniéndose que refugiar en otra de las de la iglesia, y desapareciendo aparentemente la vida de la Hermandad. El último fatal acontecimiento fue la desamortización de Mendizábal, que obligó la exclaustración del Convento y la búsqueda de una nueva sede. Se acababa así la presencia de la Hermandad en el Convento de la Victoria, que había sido de dos siglos y medio.

sanjacinto entradaLa nueva sede se fijó, en 1835, en la iglesia de San Jacinto, regentada por los Dominicos, y edificada en el lugar en el que antaño se encontraba la ermita de la Candelaria.

Las imágenes quedaron, sin culto, en los altares del crucero y con este cambio la Hermandad se extinguió totalmente.

La iglesia, en palabras de Madoz, la podríamos describir así:

“La primitiva iglesia de este convento se hundió en 30 de mayo de 1730, y en el de 1775 se concluyó la actual, que es de 3 espaciosas y elevadas naves que separan arcos sostenidos con pilastras de orden corintio, en lo general la arquitectura es romana, si bien el interior y la fachada se resienten del mal gusto que reinaba en el tiempo en que se construyó. El altar mayor está figurado en el testero por medio de columnas pintadas en la pared, donde dentro de un nicho se halla la imagen de Ntra. Sra. de la Candelaria, que se veneraba en la ermita del antiguo hospital”.

Con el paso de los años se intentó dar nueva vida a la Hermandad. Hubo dos intentos infructuosos en 1840 y 1859, pero por fin en 1880 el capellán de San Jacinto, el padre Eusebio Ortega logró reorganizar la Hermandad, que quedó definitivamente “reconstruida” en 1891. Se volvió a realizar la Estación de Penitencia, por primera vez desde San Jacinto, a la Catedral de Sevilla, atravesando el nueve Puente de Isabel II.

Sin embargo las dificultades en San Jacinto no se quedaban en simples “problemas de espacio”. Las relaciones con los dominicos no eran del todo buenas, y la Hermandad empezó a forjar la idea de adaptar la planta baja de la casa de Hermandad para hacer una Capilla propia.

capillaestrellaLa búsqueda de un sitio que diera salida a la situación era necesaria. Y así en Octubre de 1962 se adquirió un solar en la calle San Jacinto número 41, en la que el arquitecto Alfonso Gómez de la Lastra debía desarrollar inicialmente un proyecto de casa de Hermandad.

El proyecto se decidió en cabildo el 25 de Febrero de 1973, encargándosele al arquitecto Antonio Delgado Roig, y los altares a Antonio Martín. Esta nueva capilla aprovecha al máximo las difíciles geometrías del típico solar entre medianeras de un entramado urbano tradicional. Así, los “recovecos” son aprovechados para integrar altares. Consta, además, de coro y sacristía, además de acceso a las zonas altas.

La capilla fue bendecida por el cardenal Bueno Monreal el sábado de pasión de 1976, y al día siguiente, Domingo de Ramos, la Hermandad salió por última vez de San Jacinto para entrar en su nueva sede. Se hicieron reformas y ampliaciones de la misma en 1982 y 1988. Es, hasta la fecha, definitiva sede de esta Hermandad que ha pasado por hasta cuatro emplazamientos y que, en este último, es en la que ha conseguido afianzar considerablemente la vida de Hermandad y la devoción por sus Sagrados Titulares.

Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina.

 

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